sábado, 27 de enero de 2018

Quiebra técnica del sistema público de pensiones



Artículo de Norberto Marchesano Martínez publicado en infolibre de fecha 26/1/2018
ANTECEDENTES

Se han cumplido 
todas las previsiones adelantadas a principios de julio del 2017 en nuestro artículo Números Rojos en la Seguridad Social. El Fondo de Reserva muestra al 31.12.2017 un saldo mínimo de 8.095 millones de euros, insuficiente para solventar el pasivo financiero que la Seguridad Social se ha visto obligada a comprometer con el Estado por 10.192 millones de euros.


El Gobierno del Partido Popular ha castigado en el período 2012-2017 en 
84.629 millones de euros las cuentas de la Seguridad Social, sustrayendo del Fondo de Reserva 74.437 millones de euros y endeudando al sistema público en 10.192 millones.


Ha utilizado las aportaciones directas del Estado, los excedentes de las Mutuas Colaboradoras y los intereses generados por las colocaciones en los Bonos del Estado, para cubrir su 
fallida gestión administrativa.


En estos seis años 
el gasto en pensiones ha aumentado un 23,5%, con una tasa promedio de incremento interanual del 3,5%, aunque se ha atenuado ese crecimiento en el último año, al 2,99%. Por el contrario, los ingresos totales relacionados con la recaudación obtenida en el año 2011 han disminuido en más de 20.000 millones de eurosNo ha existido una política de ingresos destinada a atender el incremento del gasto.

Se ha instalado un 
déficit crónico en torno a los 18.000 millones de euros anuales que ya se registró en 2016 y que se repetirá en el año 2017. El otorgamiento de un nuevo préstamo del Estado de 15.000 millones de euros para el 2018 que no cubrirá el déficit anual es la prueba definitiva de que su política de empleo no sirve para garantizar el sistema público, como tampoco es útil a los trabajadores que se incorporan al mercado laboral, para evitar la precariedad, la desigualdad y la pobreza.

Es la 
quiebra técnica del sistema, escenificada por un patrimonio neto negativo y un déficit prolongado y sin solución en el tiempo.
 
INFORME DE LA SEGURIDAD SOCIAL

El informe de la Seguridad Social al 31.12.2017 demuestra que después de seis años de gestión del Partido Popular, y a pesar del crecimiento de los contratos temporales y a tiempo parcial, nos encontramos con que solo se registran 
por cada pensionista, 2,23 afiliados cotizantes, ocupados y desempleados a la Seguridad Social. Es la peor cifra del siglo XXI y hay que remontarse a 1998, también con un gobierno del PP, para encontrar una relación más paupérrima.

Según el informe, esta relación ha empeorado respecto al año 2016 cuando se situaba en 
2,27, es sensiblemente inferior a la del 2011 cuando alcanzaba el 2,47 y resulta muy alejada del índice de 2,71 de diciembre del 2007.

El Gobierno obsesionado con comparar la situación actual del empleo con la del año 2007, no destaca que en ese año, no solo se aseguraba con esa relación del 2,71 la sostenibilidad del sistema público, sino que se aportaba a la Hucha de las Pensiones 
10.000 millones de euros, en lugar de generar un déficit de 18.000 millones de euros como ha sucedido en el ejercicio precedente.

Si nada se modifica sustancialmente, si se continua con el déficit desmedido, las advertencias e imposiciones de Bruselas y del FMI convertirán a la Seguridad Social en el 
problema fundamental del déficit del Estado, lo que permitirá justificar una disminución importante de las pensiones como está planteado ante estos organismos, que también sugieren continuar prolongando la vida laboral e incentivar la contratación de los planes de pensiones privados.
 
EL PACTO DE TOLEDO

Mientras que la presidenta del Pacto de Toledo, del propio Partido Popular, se ha expresado con 
palabras al menos desafortunadas y sin datos sobre la supuesta existencia de pensionistas que estarían más años cobrando la pensión que cotizando y ha redundado en comentarios en favor de los planes de pensiones privados, el Ministerio de Empleo, en lugar de abocarse a resolver el grave problema que ha creado por la insuficiencia de los ingresos, ha utilizado el escenario para presentar como propia la idea de utilizar para el cálculo de la base reguladora, toda la vida laboral.

Resulta por lo menos insólito que el Gobierno responsable de los contratos temporales y a tiempo parcial que precisamente impiden acumular años de cotización, de los salarios y cotizaciones de miseria que sólo aseguran pensiones de miseria, de disminuir la protección y el tiempo de cotización por desempleo retrasando a los 55 años el derecho al subsidio de los mayores de 52 años, de contabilizar a la baja en un 50% las bases de cotización en períodos no trabajados, de continuar aplicando el Índice de Revalorización del 0,25% perjudicando en 2016 y 2017 el poder adquisitivo de los pensionistas y de adelantar la aplicación del Factor de Sostenibilidad a partir del año 2019, plantee 
de forma oportunista, ideas que ni de lejos puede compensar los perjuicios ya ocasionados a este colectivo.

El Partido Socialista tampoco puede eludir responsabilidades al existir un 
claro hilo conductor entre la reforma de las pensiones del PSOE del año 2011 y la reforma del PP del 2013. También se verifica en materia de precariedad del empleo y pérdida de derechos de los trabajadores, una continuidad entre la reforma laboral del PSOE del 2010 y la reforma del PP del 2012. Ambas reformas laborales deberían ser derogadas.

El PSOE ha entrado en la guerra de titulares y propuesto un impuesto extraordinario sobre los beneficios de la banca, que aunque copiado de Unidos Podemos, suena muy bien como medida de resarcimiento del rescate bancario. La cifra de recaudación prevista para este impuesto es de 860 millones de euros anuales y representa un 0,60 % del gasto anual en pensiones. No resulta determinante para mitigar el déficit y no alcanzaría siquiera para compensar a los pensionistas de la pérdida de poder adquisitivo respecto de la inflación registrada en 2017 del 1,1%. En consecuencia, presentar esta medida aislada y declinar al mismo tiempo la aplicación de mejoras en la recaudación por cotizaciones sociales, realmente indispensables para afrontar el déficit del sistema, equivale a 
eludir la solución del problema.

Ciudadanos no está interesado en el actual sistema público de pensiones y
 apoya sin fisuras la gestión del Partido Popular. Respalda las medidas tendentes a favorecer los contratos con bajas remuneraciones y por consiguiente bajas cotizaciones. Se opone a cualquier propuesta que altere la cómoda posición que mantienen los empresarios en este peculiar mercado laboral y es un claro defensor de los planes de pensiones privados.

Analistas y periodistas afines al Gobierno pretenden convencer a los pensionistas que han sido los más favorecidos durante la crisis, que no han perdido poder adquisitivo y se refugian en los datos de la pensión media del sistema, para evitar mencionar que el 50% de los pensionistas perciben 
menos de 700 euros mensuales, cifra inferior al salario mínimo interprofesional vigente.
 
PROPUESTAS PARA LA SOLUCIÓN DEL DÉFICIT

Resulta imposible con este Gobierno y llevará su tiempo en circunstancias políticas más favorables, generar 
un cambio fundamental de la estructura productiva, que permita crear empleo suficiente, estable y de calidad, que reduzca la desigualdad e incremente los salarios y por consiguiente los ingresos de la Seguridad Social.

Se trata entonces, de 
mejorar sustancialmente y de inmediato las fuentes de financiación para aumentar los ingresos y anular el déficit vigente. En este escenario, sólo los sindicatos, Unidos Podemos y las Mareas de pensionistas, plantean cada uno desde su propio punto de vista, la necesidad de implementar medidas complementarias que requieren de una clara voluntad política, al afectar directamente la cuenta de resultados de los empresarios.

Las propuestas son las siguientes:
 
·        Supresión de los topes máximos de cotización, fijados en 45.012 euros anuales.

·        Las reducciones y bonificaciones como incentivos a la contratación, deben financiarse como fomento de empleo con cargo a los presupuestos generales.

·        Corresponde mejorar el régimen de cotización de los trabajadores autónomos propiciando una cotización más compatible con sus ingresos reales.

·        Los gastos corrientes por bienes y servicios y nóminas del personal de la Seguridad Social deben ser cargados a los presupuestos generales del Estado como ocurre con los distintos organismos de la Administración Pública.

·        Luchar contra el fraude en la Seguridad Social potenciando la gestión de la Inspección de Trabajo en el control de la contrataciones a tiempo parcial y de falsos autónomos.

·        Los déficits puntuales de la Seguridad Social deben atenderse a través de transferencias directas a cargo de los presupuestos generales del Estado, y no por el sistema de préstamos que hipotecan el futuro de la Seguridad Social.

·        No debe excluirse la aplicación de impuestos transitoriospara atenuar los déficits que inicialmente se continúen ocasionando.

·        Eliminar, el Índice de Revalorización de las pensionesvolviendo al sistema de revalorización del IPC, como así también el Factor de Sostenibilidad que afectará negativamente el cálculo de la base reguladora de las nuevas pensiones al relacionarlo con la esperanza de vida. El desarrollo de su fórmula indica que es un factor que en todo los casos restará, ya que la esperanza de vida va siempre en aumento.
Corresponde movilizarse en apoyo de estas propuestas, alentando la idea de que el sistema público de pensiones además de ser sostenible, debe posibilitar el acceso a pensiones dignas y equivalentes entre hombres y mujeres.


lunes, 8 de enero de 2018

Salarios de hambre, pensiones en el aire


Si alguien piensa que su hijo debe asumir que gana menos de lo que ganó él, porque… así es la vida, debe recordar que el dinero de su pensión saldrá de ese raquítico salario
Artículo de Emilio de la Peña en Público de fecha 3/1/2018.
No hace muchos días escuché en la radio un titular que advertía de los riesgos de nuestro sistema de pensiones por el envejecimiento de la población. Lo decía el último informe de la OCDE.  Se refería a las dificultades que se atisbaban para el año 2050. Está bien divisar el horizonte lejano, aun a riesgo de apreciarlo de forma confusa y casi siempre equívoca. Pero desde luego es más realista  observar lo que tenemos  delante. Ahí no hay predicción posible, son hechos ciertos.
Desde que Rajoy llegó al Gobierno, no ha pasado un año sin que lo que ingresa la Seguridad Social haya sido insuficiente para pagar las pensiones. Es la primera vez que esto ocurre de manera continuada. El 83% de lo que ingresa la Seguridad Social proviene de las cotizaciones por los salarios. Y ahora estas cotizaciones no dan para el pago de las pensiones. Cabría pensar que esto se debe a la combinación de dos cosas: Cada vez hay más pensionistas y la crisis provocó que hubiera menos trabajadores cotizando a la Seguridad Social. Es, digamos, la explicación oficial, por llamarla de alguna manera, aunque la realidad es que desde los discursos oficiales nada de esto se dice. Se repite tan sólo el mantra de que se crea más empleo que nunca, por lo que la recuperación es un hecho.

EL 83% DE LO QUE INGRESA LA SEGURIDAD SOCIAL PROVIENE DE LAS COTIZACIONES POR LOS SALARIOS. Y AHORA ESTAS COTIZACIONES NO DAN PARA EL PAGO DE LAS PENSIONES

Pero hay cosas que no cuadran. Por ejemplo, en 2010, el año en que se inauguraron los recortes y reducciones salariales, el número de afiliados a la Seguridad Social era muy semejante al del año pasado: cotizaban 17.660.000 personas frente a los 17.600.000 en 2016. Sin embargo, el año pasado, ya acabada la crisis, según el Gobierno, con un claro crecimiento, la Seguridad Social recaudó 1.400 millones de euros menos que siete años antes. La explicación es bastante obvia: los salarios han bajado, las personas que son contratadas ahora reciben sueldos claramente menores, y por tanto cotizan menos a la Seguridad Social para pagar las pensiones. 

Más evidencias: Acudimos a los datos de la Seguridad Social y nos fijamos en lo que aportan las cotizaciones de los trabajadores del llamado Régimen General. Son la gran mayoría, en torno al 80% de los afiliados. Por término medio, en los 10 primeros meses de 2017, cada asalariado aportó 4.553 euros a la Seguridad Social. En el periodo equivalente de 2010, la aportación media por afiliado había sido mayor: de 4.628 euros, por tanto 75 euros más. Pero, el dinero no representa lo mismo ahora que entonces, porque sube el coste de la vida. Si calculamos los euros en el valor actual, la diferencia es mucho mayor: en 2010 lo que aportó cada salario fue 150 euros más que ahora. En 2017 esa recaudación por afiliado ha descendido un 3,2 por ciento. Lógico, porque los salarios son más bajos.  

Esto no ha ocurrido en un año. Desde 2009 la aportación media de los afiliados a la seguridad social ha ido descendiendo, en euros de 2016, hasta llegar a ser 544 euros menos por persona, lo que supone una caída superior al 8%. 

A la bajada de los salarios se añade otra cosa que resta recaudación. Ahora son más los parados que no cobran el seguro de desempleo y por tanto el Estado no cotiza por ellos a la Seguridad Social. En 2009,  el 75% de los parados inscritos en las oficinas de empleo recibían una prestación. En 2017 sólo el 55% de los desempleados recibe tal ayuda. Y el dinero que cobra cada parado, incluida su cotización a la Seguridad Social, es además menor en 2017: 807 euros al mes, mientras que en 2009 llegaba a los 994 euros mensuales. 

No han sido sólo los años malos. La bajada de recaudación por afiliado ha continuado los años que el Gobierno considera ya buenos y con la crisis superada. ¿Está superada una crisis cuando los que trabajan no ganan lo suficiente para pagar como es debido las pensiones de los que ya no trabajan? 

LA BAJADA DE RECAUDACIÓN POR AFILIADO HA CONTINUADO LOS AÑOS QUE EL GOBIERNO CONSIDERA YA BUENOS Y CON LA CRISIS SUPERADA

Esa escasez recaudatoria persiste y puede prolongarse a largo plazo. La bajada de los salarios no es un fenómeno de poco tiempo, incluso aunque en los convenios colectivos se proceda a partir de ahora a incrementar los sueldos algo más. Lo más grave de los  bajos salarios no es el recorte que han sufrido los que ya trabajaban cuando llegó la crisis, con ser esto negativo y empobrecedor. Lo peor ha sido y sigue siendo la sustitución de puestos de trabajo con sueldos aceptables por otros con salarios notablemente menores. Estos todavía son minoritarios, les toca sobre todo a los jóvenes que acceden a su primer empleo, pero con el paso del tiempo aumentarán. Por ejemplo,  gran parte de los trabajadores que se jubilan o prejubilan con sueldos buenos son relevados por otros con un salario mucho más bajo. Es una rueda de sustitución continua que no para. Se da así el fenómeno perverso de que  el nuevo contratado con salario mísero no puede con su cotización aportar suficiente para pagar la pensión del trabajador al que sustituyó. Si alguien piensa que su hijo debe asumir que gana menos de lo que ganó él, porque… así es la vida, debe recordar que el dinero de su pensión saldrá de ese raquítico salario.

El Gobierno lo sabe, ¡cómo no! La primera solución que encontró fue pulirse el dinero que había en el Fondo de Reserva, en la hucha de la pensiones. Dinero ahorrado con lo que sobraba de las cotizaciones en los años anteriores. En total, casi 53.000 millones de euros, que se aportaron incluso en 2008 y 2010, cuando arreciaba la crisis y el PP consideraba la situación insostenible. A  ello había que sumar los intereses que ese dinero generaba y que alcanzaban, cuando llegó Rajoy al Gobierno, los 14.000 millones de euros. En total 67.000 millones de euros es lo que se encontró Rajoy en la hucha. Sacó de ella en los años de recesión, cuando se destruía empleo, y la recaudación de la Seguridad Social cayó al mínimo, en 2012 y 2013. Podía parecer razonable: para eso estaba la hucha. Pero en 2014 volvió a crecer la economía y mucho más en 2015 y 2016. Aumentaba el empleo y no había razón para sacar más dinero. Si las cosas iban bien, ¿por qué se seguía recaudando poco? La explicación es la política de bajos salarios implantada por el PP. Al comenzar este año quedaban 15.000 millones y ni con eso ha bastado para pagar todas las pensiones. Tanto es así que el Gobierno ha puesto otros 10.000 millones del Presupuesto del Estado. 

La otra solución es la de siempre: recortar. Ya se hizo con la última reforma de las pensiones. El argumento empleado es el que refleja también la OCDE: el envejecimiento de la población hace insostenible el sistema. Es el mirar a largo plazo y predecir mientras se oculta lo que la realidad, no la previsión, ha dejado patente: el envejecimiento de la población no se ha producido de la noche a la mañana y sin embargo la insuficiencia para pagar las pensiones sí. La recaudación de la Seguridad Social por cotizaciones sociales fue en 2016  un 4% más baja que en 2008, mientras que la renta total de los españoles fue prácticamente la misma. Eso sí, la renta ha estado peor repartida. Mientras que la de los salarios ha caído un 5%, el beneficio empresarial ha subido algo más de uno por ciento. 

Para pagar pensiones dignas es necesario que trabaje más gente, reducir drásticamente el desempleo y salarios dignos. O lo que es lo mismo, un reparto más equitativo de la riqueza generada cada año.


miércoles, 3 de enero de 2018

Joseph Stiglitz: "No podemos confiar en el sector financiero, si no lo regulamos, engañarán, se aprovecharán de la gente"

"Podemos tiene un entendimiento de por qué las cosas han salido mal y un compromiso para tratar de mejorarlas, a diferencia de lo que se llama el populismo de derechas, que utiliza el descontento para crear regímenes autoritarios o para enriquecerse"
"Cuando la gente está peor de lo que estaba hace diez años, decirle que están recuperados es un disparate"
Los directivos: "Tienen que ser responsables financieramente. Si te portas mal, tus bonificaciones se recortan. Esto podría implicar, además, penas de cárcel"

Trump: "¿Qué hará falta para que sus partidarios se convenzan de que se han enamorado de alguien que no es la persona que creen que es?"

"Puede que sea necesario dejar el euro para salvar a Europa"

  
Artículo de María Sánchez Díez publicado en eldiario.es con fecha 31/12/2017

Joseph Stiglitz (Gary, Indiana, 1943) abandonó su carrera en física para dedicarse a la economía. Su tesis ya trataba sobre la desigualdad y, tras toda una carrera dedicada a la economía (un Nobel incluido en 2001), la brecha entre pobres y ricos todavía no parece ofrecerle tregua. Fue consejero de Bill Clinton durante su presidencia y economista jefe del Banco Mundial hasta el año 2000. Tras años predicando contra los excesos del Fondo Monetario Internacional y la desregularización del sector financiero, como una Casandra de la ciencia económica en un mundo dominado por las tesis neoliberales, la crisis financiera le dio buena parte de razón. Desde su despacho en la Universidad de Columbia, recibe a eldiario.es para hablar de los nuevos movimientos de oposición a la globalización, la regularización de Silicon Valley, el futuro del euro, la irrupción de Trump, la lucha contra el cambio climático y un sector financiero al que, según advierte, debemos seguir vigilando de cerca.
Hace 15 años escribió ‘El malestar de la globalización ’. Hoy estamos presenciando nuevas olas de descontento: desde el Brexit hasta la victoria de Donald Trump pasando por el auge de los populismos nacionalistas en Europa. ¿Se ha convertido el statu quo económico en una fuente de resultados políticos  inesperados cada vez más frecuentes?
La razón por la que los problemas del malestar con la globalización se han extendido del Sur hacia al Norte es que los acuerdos comerciales se realizaron realmente en función de los intereses corporativos, así que acabas teniendo perdedores tanto en el Norte como en el Sur. ¿Y quiénes fueron los ganadores? Las corporaciones. Ganaron porque bajaron los sueldos en el Norte y consiguieron sueldos más baratos en el Sur. Lograron todas las ganancias y, al debilitar el poder negociador de los trabajadores, les robaron dinero, ya sea en el Norte o en el Sur.
¿Cómo espera que sus críticas a la globalización evolucionen en el futuro? ¿Cuáles serán las nuevas fuentes del malestar?
Ya está incluso afectando a algunas corporaciones, porque algunas ganan y otras pierden. Pero en este caso tengo menos simpatía. Mi nuevo libro, que va a salir ahora, se llama ‘El malestar de la globalización revisitado, con el subtítulo: Antiglobalización en la era de Trump’, se centra en cómo estamos viendo los viejos descontentos en los países en desarrollo más los nuevos descontentos en los países desarrollados.
¿Me puede adelantar algo?
Básicamente, el rompecabezas es: ¿cómo es posible que la globalización sea mala para los países en vías de desarrollo y mala también para los países desarrollados? Y la respuesta es: porque la definieron las corporaciones para ellas mismas. Trump dice que los acuerdos comerciales como Nafta son los peores de todos los tiempos y que desfavorecen a Estados Unidos. ¿Cómo pueden perjudicar a Estados Unidos y también a los países en vías de desarrollo? Y: ¿Es posible que perjudiquen a Estados Unidos cuando fue Estados Unidos quien los dictó? Mi respuesta es no, no es posible. Conseguimos lo que queríamos, pero era lo que las corporaciones querían, no lo que los trabajadores estadounidenses querían. Y Trump no lo arreglará porque representa a la plutocracia, a las corporaciones ricas. No está interesado en los trabajadores excepto para obtener votos. Si estuviera interesado en su bienestar, no habría propuesto un programa de seguro de salud que dejaría a 20 millones de personas sin seguro médico. No estaría proponiendo una reforma tributaria que daría todo el dinero a los más ricos. No está interesado en los trabajadores, excepto en la medida en que puede persuadirlos para que voten por él y darle más dinero.
Los movimientos de oposición  son de naturaleza ideológica muy diversa, pero algunas voces los consideran el mismo tipo de respuesta contra las élites. ¿Es correcto equiparar a Podemos con Trump?
Son totalmente diferentes. El problema es que Trump está explotando este malestar. Y creo que Podemos tiene un entendimiento bastante sofisticado de por qué las cosas han salido mal y un compromiso para tratar de mejorarlas, a diferencia de lo que a menudo se llama el populismo de derechas, que utiliza el descontento para crear regímenes autoritarios o para enriquecerse. Está muy claro que Trump realmente no está preocupado por los estadounidenses comunes. Lo que ha hecho bien es persuadirlos de que se preocupa por ellos, de una forma deshonesta. Pero fue a esos lugares tan pobres, Kentucky y demás, a los que Hillary ni siquiera fue, y dijo: ‘Me preocupo por vosotros’. Pero era todo una farsa, porque ahora va y dice: ‘Voy a quitaros el seguro sanitario y voy a hacer que estéis peor’. Así que la pregunta ahora es: ¿se despertarán los estadounidenses o responderán al mensaje emocional, incluso cuando [Trump] les está robando? Y muchos demócratas están empezando a preocuparse porque, por malo que sea para esta gente, lo quieren (risas). Puede mentir, y no les molesta. ¿Qué hará falta para que sus partidarios se convenzan de que se han enamorado de alguien que no es la persona que creen que es? 
Ha criticado que los acuerdos comerciales internacionales se firmen con estándares  democráticos tan bajos y con tan poca transparencia. ¿Cuál sería una mejor manera de articularlos en el futuro?
Una mejor manera de llegar a acuerdos es obviamente que haya una mayor participación en la toma de decisiones: que trabajadores, ecologistas y otras personas con intereses en la sociedad participen en la negociación, en fijar los términos de referencia. Las disputas inversionista-Estado [cláusulas que permiten a compañías privadas pedir compensaciones si un país regula en contra de sus intereses] ilustran esto. Hay que tener principios claros y decir: 'mira, no tienes derecho a demandar por una regulación, eso depende del país. Solo puedes demandar por discriminación’.
¿Cómo podemos asegurar un futuro en el que los intereses económicos privados no pongan en compromiso la democracia?
Creo que la plena liberalización del mercado de capitales es particularmente peligrosa, especialmente para los países en vías de desarrollo, porque el capital entrando y saliendo a corto plazo es lo que más compromete a la democracia. En el caso de un país como Brasil, cuando a Wall Street no le gusta un candidato sacan su dinero, el tipo de cambio baja, la gente entra en pánico... puede tener un efecto muy grande en el papel de los mercados financieros en la política. Para mí eso es al menos una pieza importante. En Estados Unidos el principal tema son las contribuciones a las campañas. El dinero está influyendo muy directamente en nuestra política.
¿Cuánto puede crecer la brecha entre los pobres y los ricos sin que haya conflictos sociales?
Tenemos la sensación de que cuando hay más desigualdad, puede haber más conflicto, pero también sabemos que las cosas son más complicadas. Hay personas que dicen que, de hecho, el conflicto no se produce cuando las cosas están mal de verdad, sino cuando están mejorando, pero no mejoran lo suficientemente deprisa; cuando se le da a la gente la sensación de que las cosas podrían ir mejor, sus aspiraciones cambian, pero se decepcionan. Eso puede dar lugar a problemas. Muchos de estos estudios se hicieron en el pasado y hoy es muy diferente. La gente puede ver lo que está pasando en el resto del mundo mucho más fácilmente y su sentido de lo que es posible es diferente. Ahora todo el mundo ve y se pregunta: ‘¿por qué están viviendo mejor que yo?’
El mensaje que estamos recibiendo en Europa o en España es que la economía se ha recuperado, aunque las mejoras pueden ser imperceptibles en el día a día de las personas normales. ¿Cómo podrá defenderse la ciudadanía de un gobierno que le dice que está bien cuando en realidad no lo está?
Creo que es muy peligroso que los políticos digan cosas que son inconsistentes con la percepción de la gente, porque eso conduce a la desconfianza en el gobierno y en las élites. Obama dijo que nos habíamos recuperado en 2009, en 2010, en 2011, cuando el 91% de todas las ganancias fueron al 1% [más rico] y el 99% no se recuperó. El efecto que eso tuvo fue un aumento de la desconfianza en el gobierno. Y contribuyó, creo yo, al triunfo de Trump. Dio la sensación de que el gobierno estaba mintiendo, porque la gente sabía que no estaba mejor y aún así se estaba diciendo que la recesión había terminado. Es extraordinariamente peligroso que los líderes políticos tergiversen lo que está sucediendo en las vidas de individuos ordinarios. En el caso de lo que está sucediendo en España y en Europa la pregunta es: ¿Estás en el punto en el que estabas? Y la respuesta es no. Cuando el desempleo de los jóvenes es del 40%, claramente hay grandes grupos de la población que no lo están pasando bien. Cuando la gente está peor de lo que estaba hace diez años, decirle que están recuperados es un disparate.
La tecnología, la robotización, biotecnología... todos estos campos contienen una promesa de desarrollo económico y progreso democrático.  ¿Cómo se distribuirá esta nueva riqueza en el futuro?
Siempre existe este tema de cómo distribuir los beneficios de la globalización, de los avances tecnológicos. El principio general dice que, si la sociedad es más rica, todo el mundo podría estar mejor. Pero depende de la naturaleza del cambio tecnológico. Si es lo que llamamos innovación de ahorro de trabajo, entonces se reduce la demanda de mano de obra y los trabajadores pueden estar peor. Creo que es imperativo en este contexto que tengamos políticas gubernamentales activas involucradas en la redistribución y que nos aseguremos de que, a medida que nos hacemos más ricos, los beneficios se comparten, al menos en parte, entre todos los grupos de la sociedad.
Mientras hablamos, hay industrias que se están transformando de forma irreversible en Silicon Valley. ¿Estamos prestando suficiente atención a este nuevo centro de poder?
Mucho de lo que está pasando tiene que ver con cambios en industria de la publicidad o en una nueva industria de redes sociales. ¿Es tan importante? Es interesante, pero eso no es tan fundamental como otros aspectos de cómo vivimos. Hay que tener cuidado de no comprarle el bombo publicitario a Silicon Valley. Han exagerado su disrupción. Han transformado los taxis, pero parte de lo que están haciendo es arbitraje regulatorio [práctica mediante la cual las empresas capitalizan las lagunas legales para eludir regulación desfavorable]. Airbnb ha transformado el mercado de los hoteles, pero probablemente es porque evita pagar impuestos. Si lo regulamos adecuadamente, con impuestos, no creo que vaya a ser tan rompedor. Las ventajas de Airbnb serían más pequeñas una vez pagaran impuestos y estuvieran regulados. La gente probablemente preferiría ir a un hotel regular que a un Airbnb, aunque todavía sería una industria activa. Esas son dos industrias relativamente pequeñas hasta ahora. A largo plazo habrá grandes problemas con la inteligencia artificial y cómo la manejamos. Se trata de un problema mayor que se remonta a la cuestión de las innovaciones de ahorro de mano de obra, que reducen la demanda y, por lo tanto, bajan los salarios. Si nuestra economía es más rica, podemos imponer impuestos que hagan que estemos todos mejor. Estos son temas más políticos que económicos. La pregunta es: ¿cómo podemos asegurarnos de que los frutos de estos avances se compartan equitativamente?
En la lógica de Trump, la lucha contra el cambio climático es incompatible con un buen desempeño económico.  ¿Cuál es el argumento económico para reducir las emisiones de carbono?
Trump no sabe nada de economía, siempre ha hecho dinero con prácticas comerciales turbias, es el prototipo de la búsqueda de renta, de una persona que gana dinero aprovechándose de otras. No es un creador de riqueza, es un destructor de riqueza. No tiene autoridad para hablar de nada. Abordar el cambio climático crearía una economía más fuerte. Por ejemplo, Trump habla de la industria del carbón, pero se están creando más trabajos en los paneles solares que en el carbón. De hecho, hay más instaladores de paneles solares que mineros de carbón. Trump vive en el pasado. No sé si no piensa muy profundamente, si mira las estadísticas, si realmente ha pensado en ello, pero realmente creo que podemos tener una economía más fuerte tratando más efectivamente con el cambio climático.
Los flujos de inmigración podrían ser la solución a las amenazas demográficas que enfrentan los países occidentales: tasas bajas de fecundidad, envejecimiento de la población, preferencias en el empleo. ¿Cómo podría esta narrativa ganar fuerza en el momento antiinmigrante de Trump en EEUU y el de los refugiados en la UE?
En Occidente y el Norte tenemos que ver como nuestra responsabilidad parte de la migración. Hemos sido el principal contribuyente al calentamiento global y el calentamiento global está contribuyendo a la desertificación en el Sahel y creando una gran cantidad de refugiados económicos que, combinado con nuestros subsidios al algodón, están deprimiendo el nivel de su vida y dañándolos. Hemos tenido un efecto muy negativo en muchas poblaciones, así que tenemos la responsabilidad moral de ayudarles a resolver el problema que contribuimos a crear. Desde la perspectiva estadounidense, somos una sociedad que fue creada por los inmigrantes. Me parece intolerable decir que los inmigrantes son un problema, estamos donde estamos por los inmigrantes. La retórica anti-inmigrante es muy peculiar, porque Trump no estaría aquí si su familia no hubiera emigrado. Las únicas personas que tienen legitimidad para quejarse son los indios americanos a quienes los inmigrantes dañaron, y a quienes se les robó su tierra. Pero eso no es de lo que Trump está hablando.
¿Qué medidas cree que podrían ser lo suficientemente disuasivas para evitar que los bancos y el sector financiero vuelvan a causar el daño que ya hemos vivido?
Primero, debemos saber que no podemos confiar en ellos, que engañarán, que se aprovecharán de la gente. La idea de que pueden autorregularse es absurda, es un oxímoron. Tiene que haber regulaciones. Y tenemos que supervisarlos con mucho cuidado. Segundo, no es lo mismo responsabilizar a los individuos que a las corporaciones. Los bancos tuvieron que pagar decenas de miles de millones de dólares, pero los directores ejecutivos se marcharon con su dinero en efectivo. Y no son las corporaciones las que hacen las cosas, son los individuos. Nuestro nivel de rendición de cuentas se ha reducido. Tercero, [los CEOs] necesitan ser responsables financieramente. Si te portas mal, tus bonificaciones se recortan y tu salario debe ser provisional. Si te portas mal, pagas. Esto podría implicar más que responsabilidad financiera, prisión también. Son crímenes de cuello blanco: estaban robando dinero a otras personas de una forma u otra y no hemos hecho lo suficiente. Llegamos muy lejos en la eliminación de la responsabilidad individual y tenemos que traerla de vuelta.
El neoliberalismo o el "fundamentalismo del libre mercado", como usted le ha llamado, ha dominado las instituciones económicas internacionales desde hace décadas, pero ha fallado a los ciudadanos y ha costado a la sociedad mucho dolor. Como ideología económica, sin embargo, sigue siendo dominante. ¿Por qué y hasta cuándo?
Es una ideología que sirve a ciertos intereses que son muy influyentes. Tienes a personas de la comunidad financiera articulando una visión de la economía, tal y como la ven. Una parte de ella es ignorante, otra es interesada y otra está cegada por un problema de percepción: a ellos les va bien con el neoliberalismo y, por lo tanto, a todo el mundo le va bien. Creo que están empezando a entender que no es tan genial. Estoy esperanzado de que muchas personas del 1% están genuinamente preocupadas, están diciendo: ‘El sistema está roto, y tenemos que arreglarlo’. Mi verdadera preocupación es cómo la gente llega a entender qué no está funcionando bien. Está la historia de Trump, incipiente, una especie de populismo neoliberal: plutócratas tratando de aprovechar los fracasos para poder hacer aún más dinero. Cuentan una historia sobre los extranjeros, sobre haber sido robados... y ha engañado a un gran número de estadounidenses. Y lo mismo en Europa: Le Pen en Francia o muchas personas en España que creen que la austeridad ha funcionado y que la economía se está recuperando. Pero tengo que ser optimista: la democracia funcionará, la mayoría de la gente entenderá que este tipo de populismo trumpista no funciona,  que la austeridad no está funcionando y tendrán una mente más abierta hacia políticas que puedan funcionar.
¿También en la Eurozona?
En el caso de Europa hay un aspecto que lo dificulta y es que las manos de los países europeos que son parte del euro están atadas por él. Y el resultado es que te encuentras a los partidos de centroizquierda proeuropeos defendiendo el euro. Pero domina Alemania y su austeridad. Esto ha debilitado al centroizquierda, que sería la fuente de crítica natural a este tipo de populismo neoliberal. Es un gran problema para Europa.
Usted ha defendido que la salida del euro podría tener sentido para algunos países, a modo de “divorcio amigable”.
Podrían irse, pero creo que sería mejor si consiguieran que Europa se reformara. Por ahora, Alemania ha demostrado una reticencia notable a hacer reformas, pero tal vez diga: ‘Si seguimos esta dirección, vamos a desmoronarnos, vamos a estancarnos, vamos a tener movimientos populistas trumpistas, es demasiado peligroso para el futuro’. Se trata de un juicio político sobre si Alemania podrá ser persuadida por el peligro real de la prolongación de su política.
¿Por qué estamos tan apegados al Euro?
Entiendo el caso de Grecia y también el de España. Son países que estaban en la periferia, que tuvieron gobiernos fascistas, así que quieren estar atados al proyecto europeo y han malinterpretado el euro: en vez de verlo como un medio para un fin, lo han visto como un fin en sí mismo. Yo diría: puede que sea necesario dejar el euro para salvar Europa. Han confundido estos trozos de papel con la identidad europea. Y no termino de entender por qué.


martes, 28 de noviembre de 2017

Cinco Claves para Podemos en Catalunya (no recomendado para patrioteros)

Artículo de Juan Carlos Monedero publicado en Público el 25/11/2017

1.- Donde se cuenta que lo de Catalunya es un jaleo de tres pares de narices que no es fácil solventar. También donde se concluye que si fuéramos conscientes del jaleo en el que estamos metidos, llamaríamos a la prudencia y a escuchar la parte de verdad que tienen siempre los “otros”, empezando por el Rey y terminando por Tintín y los belgas.

Las discusiones más terribles dentro de un país suelen tener tres motivos: la disputa acerca de los bienes materiales (tierras, cosechas, oro, coltán, petróleo, esclavos, casas, especias); las disputas religiosas; y las disputas territoriales (reclamaciones de fronteras, búsqueda de salida al mar, minorías étnicas oprimidas o exigencias por parte de naciones sin Estado). Si se mezclan las cuestiones materiales, religiosas y territoriales el incendio está servido. Cuando estallan, derraman sangre y cualquiera que quiera poner sensatez será víctima del linchamiento. Por parte de unos o de otros, porque en esas peleas no estar conmigo es estar contra mí. Cuando dos locos están partiéndose la boca y se mete uno a pacificar, los dos locos le pegan una paliza y luego siguen con sus guantazos. Le ha pasado a Podemos por decir que no tienen razón ni los del bloque del 155 (PP, PSOE y Ciudadanos) ni los independentistas.

Los sentimientos nacionales y las religiones conviven pacíficamente cuanto no te obligan a elegir. Esa “conllevancia” es inteligente porque hace un poco más laicas a las religiones y un poco menos arrogantes a los nacionalismos. Lo importante se coloca en otras partes y es más sencillo que nazca la empatía y la fraternidad. En España nos ha faltado inteligencia. Hemos tenido las tres discusiones y por lo general mezcladas. La Inquisición fue brazo religioso y político de la monarquía imperial. La llamada guerra civil de 1936 fue, además de un conflicto territorial y religioso, una lucha entre nuestra débil burguesía -cuyos cañones bendijo la iglesia- y una clase obrera en proceso de organización -que expresó contundentemente su ira anticlerical- en complicidad con sectores de las clases medias. Los amigos de la jerarquía católica se quedaron con los bienes de los republicanos y recentralizaron España para que las clases trabajadoras vasca y catalana -las zonas más industrializadas- no pusieran en cuestión el poder que se gestionaba desde el centro. La burguesía catalana se ha llevado bien con la burguesía española, han robado de manera parecida, han golpeado a las mayorías de manera parecida y se han mentido entre sí de manera parecida. La burguesía catalana ha estado muy cómoda. Chantajeaba cuando podía prestar sus votos para darle una mayoría al PSOE o al PP, tenía impunidad (de ahí el tres per cent de CDC y los robos de los Pujol) y mantenía una relación con la Europa neoliberal que le permitía hacer sus negocios y dar imagen de modernidad. Los problemas siempre son de verdad cuando se cruza pueblo de por medio.

Desde el siglo XVII se registran conflictos territoriales claros dentro de la Península Ibérica. Ahí está la independencia de Portugal tras la Guerra de la Restauración entre el Reino de Portugal y la Monarquía Hispánica; también la guerra de Sucesión y el conflicto entre Austrias y Borbones que provoca los decretos de Nueva Planta, expresión del castigo Borbón a Catalunya. Ahí están las guerras carlistas que tanto tienen que ver con los Fueros del País Vasco y Navarra. Todos los conflictos territoriales en España han tenido que ver con intereses monárquicos. Si tuviéramos esto más claro, seríamos más republicanos. Los reyes siempre piensan primero en ellos y luego en el país.
El problema es que las cuestiones teóricas e históricas reclaman un compromiso social con la teoría y la historia, es decir, reclaman la voluntad de hacerte preguntas incómodas. ¿Y para qué vas a hacer ese esfuerzo? En el silencio nacional, las disputas o no existen o no se ven. Cuando las naciones conviven dentro de un mismo Estado sin exageraciones son como los brazos y las piernas en los que no reparas cuando no te faltan. La gente tiene identidad aquí y ahora y la verdad, sea la que fuere, te puede traer al pairo. Te sientes español o catalán o extremeño o vasco y no te haces muchas más preguntas. Cuando tienes una nación que nadie cuestiona llegas a pensar que no eres nacionalista. Nacionalistas son los otros. Nos pasa mucho a los que no somos de nacionalidades históricas. Creemos que siendo españoles como lo somos no hacemos daño a nadie. Pero así no vamos muy lejos. Por no hacernos preguntas las cosas no desaparecen.
Las cosas de la identidad hay que enfriarlas. Porque las naciones son a menudo lo único que creemos que tenemos. Son como las religiones: cuanto más cercanas, más cainitas. Es como esos odios entre dos pueblos que están al lado, sea en las Castillas, en Extremadura, en Cantabria, en Galicia o en cualquier rincón de España. En el día a día se odian pero coinciden en colgar bandera españolas de sus balcones porque ven a los catalanes como una amenaza. Algunos incluso gritan ¡A por ellos! Podríamos verlo mejor desde lejos: puedes ser un bóer y matar a los malditos negros porque te quieren quitar tu Sudáfrica (aunque los negros estuvieran antes que tú), ser un cowboy norteamericano y matar a los malditos sioux o a los malditos mexicanos porque te quieren quitar Missouri o Texas (aunque fueran de ellos), o ser Churchill y matar a los malditos indios o a los malditos turcos porque quieren quitarle grandeza a la Reina de Inglaterra (aunque Gandhi o los turcos sólo defendían su tierra). Estas cosas no nos las solemos preguntar. De hecho, en España lo hacemos solo cada medio siglo. Pero siempre emerge y siempre alguien la lía. A ver si lo solventamos de una vez.

2. Dónde se cuenta que España está mal enseñada y mal aprendida, es decir, que España está por reinventar y que su reinvención pasa por recuperar esa España oculta, exiliada, silenciada que hablaba más de patria y de fraternidad y menos de nación y superioridad .

Decirle a alguien que su tierra es algo diferente a lo que siente y siempre ha sentido es como decirle a un hijo que sus padres en verdad no son sus padres. Algo así como lo que se vivió en Argentina cuando al hijo de un desaparecido le decían: tus verdaderos padres están muertos y los que crees que son tus padres tuvieron algo que ver con su muerte. ¡Ostras! Te lo cuenten como te lo cuenten, lo primero que vas a hacer es negarlo. Los españoles hemos vivido pensando que España es ese mapa que nos enseñaron en la escuela, los ríos y sus cuencas, la noticia diaria del tiempo, las referencias del pasado magnificadas para que nos creamos grandes e importantes. La verdadera historia de España está llena de silencios. José Bono colgó del Congreso los retratos de los reyes visigodos y no puso ningún rey árabe. ¿No eran españoles o no eran españoles de la España de Bono? Tampoco conocemos a las poetas del exilio ni hay memoria de que a los Borbones ya les echamos de España en el siglo XIX. Fernando VII era un Borbón, pero era un asesino. ¿Se merece una calle? Decimos España pero no sabemos que somos el segundo país del mundo con mayor número de fosas y desaparecidos. Lorca es uno de los 114.000 desaparecidos que hay en España. España es ese sitio donde se habla español y si no lo hablas es porque quieres ofender a alguien. Estamos buenos. Nunca nos han enseñado ni catalán, ni gallego ni euskera en la escuela. Ni una palabra. ¿Cómo vamos a entender a Catalunya si no nos han enseñado que allí tienen una lengua propia, si no nos han contado que allí muchos sueñan en catalán, que allí tienen una historia compartida con nosotros junto a una historia propia? Nuestra ida de España siempre ha estado mutilada. Que vaya alguien a decirle a esas personas que han tenido mil preocupaciones -pero no la de preguntarse por España- que les han engañado. Es el problema que tiene Podemos. Pero tampoco es imposible entenderlo. Fernando VII acuñó monedas en 1823 y firmó como Rey de las Españas. Porque igual España es eso: Españas. Los Reyes Católicos estaban interesados en hacer un imperio católico, no en construir España, y dejaron que los catalanes y otros pueblos fueran sintiéndose una nación. Vemos a España en los Reyes Católicos pero solo porque la miramos desde hoy. En el siglo XV nadie se sentía español. Eso empezamos a hacerlo muy tarde.
Pero Catalunya, aunque fuera a la fuerza, convivió con España y fue haciéndose parte de España, igual que a la fuerza muchos indígenas terminaron sintiéndose mexicanos (fue la invasión francesa de 1808 la que nos ayudó a empezar a sentirnos todos españoles). Pero sin dejar de sentirse catalanes. Es verdad que había gente que se sentía solamente catalana, pero había más gente que se sentía parte de España al tiempo que catalana, reclamando por eso ser una nación con una especial vinculación con la nación española. Y eso se multiplicó cuando cientos de miles de andaluces y extremeños se fueron a buscar el trabajo que no les daba ni Andalucía ni Extremadura, siempre tan gobernadas por caciques. Y ahora ya van tres generaciones que vienen de otros lados pero viven en Catalunya. ¿No es lo más sensato que puedan sentirse catalanes y también lo que les vincula al resto de España? Lo que se solventa sumando suele ser menos traumático que lo que se solventa restando. Pero esto es un jaleo. Fácil fácil no es.
Rajoy y el PP, con su empeño en cargarse el Estatut, han cabreado a muchos catalanes que han terminado diciendo: si para los españoles somos tóxicos, venenosos y una mierda, pues ahí os quedáis. Lo que haríamos cualquiera de nosotros con quien nos tratase mal. El problema es que esos catalanes no pueden irse a ningún lado. Por eso intentan convertirse en un Estado propio. Pero hay más catalanes que no quieren marcharse de España. Aunque también están enfadados. Y hay muchos catalanes que están enfadados con los independentistas que les han maltratado cuando la burguesía catalana hacía y deshacía con impunidad. ¡Más jaleo! Alguien me podrá decir lo contrario, pero ver a Puigdemont en Bélgica me parece tan español….

El resto de España también tiene algo que decir al respecto porque somos un Estado desde hace varios siglos y eso marca ciertas reglas (qué curioso: somos un Estado viejo y una nación joven). Si no se puede romper un matrimonio sin más no vas a poder hacerlo con un país. Estas cosas se hacen negociando o guerreando. Y no tenemos la más mínima intención de guerrear entre nosotros. Así que toca hablar. Cuando uno mira la declaración unilateral de independencia no cabe sino pensar ¿dónde tenía esta gente la cabeza? ¿Cómo han podido estar tan cegados?

Pero Catalunya se siente una nación. Nadie en su sano juicio pensará en arrestar, multar, encarcelar, desterrar o fusilar a, por lo menos, dos millones de catalanes. Claro que hay gente que piensa que hay que someterlos a la fuerza (basta escuchar los entornos belicosos del PP o de Ciudadanos, que a veces son peores), pero no están en su sano juicio (a gente como Girauta les falta solo la camisa azul y los correajes). Ya expulsamos en el siglo XV a judíos y moriscos y hay quienes sostienen que la España de caciques vagos y clientelistas es una consecuencia de aquella decisión. Los catalanes llevan reclamando ser reconocidos como nación desde hace siglos y lo consiguieron con la Constitución de 1978 que recoge que España está constituida por nacionalidades y regiones. Hay imbéciles que insultan a Catalunya por querer ser reconocida como nación y al tiempo dicen defender la Constitución. Mienten o son brutos. Porque la Constitución dice que Catalunya es una nación, que es lo que significa la palabra “nacionalidad” escrita en la Constitución de 1978 cuando los militares de entonces todavía mandaban mucho. Que Catalunya es una nación ya lo decidimos en 1978. Ese no es el problema. El problema, desgraciadamente, tiene mucho que ver con que CiU iba a perder las elecciones, con que al PP le resultaba mejor hablar de Catalunya en vez de la corrupción y los recortes, y que la crisis llevó en Catalunya a una parte de la indignación hacia cuestiones de identidad gracias a un sentimiento que siempre ha estado ahí, a la presión de los grupos independentistas y al dinero que le metió al asunto la Generalitat. Después de todo esto (que va desde la recogida de firmas de Rajoy contra el Estatut y la cerrazón a hablar con el Gobierno catalán, a la susurrada declaración unilateral de independencia, las cargas policiales el 1-O y el encarcelamiento de políticos y los Jordis, pasando por el despiste inaceptable del PSOE y el apoyo de Felipe VI al partido más corrupto de Europa. Los responsables de este desaguisado preguntan ahora: ¿y qué solución proponéis vosotros? Antes de responder es honesto decir: la habéis liado muy gorda y no hagas como si esto no viniera de demasiadas meteduras de pata. La solución sería más sencilla si no hubierais, unos y otros, roto todos los puentes. A políticos tan patanes había que deportarles un sitio donde hubiera poca gente.

3. Dos cosas que dice Podemos pero que no son tan sencillas de entender: la plurinacionalidad y el derecho a decidir.

Podemos debatió en Vistalegre su hoja de ruta. Fue un debate agrio tras tres años haciendo elección tras elección. Hubo gente que presentó propuestas alternativas a las que representaba Pablo Iglesias, pero las bases eligieron su Secretario General y su dirección política. Podemos dio una lección no rompiéndose en Vistalegre. Y hay que ver que el poder lo intentó. Los medios siempre hacen de altavoz para cualquier persona de Podemos que quiera hacer daño a Podemos. Si viene de cargos públicos es una deslealtad. Siempre se puede dimitir de cualquier cargo.  De Vistalegre, y para enfado de los portavoces del desastre, Podemos salió reforzada. Ahí está, por ejemplo, la lista en Madrid encabezada por Julio Rodríguez. Podemos es tan importante para la democracia en España y en Europa que el poder siempre va a tener dispuestas las treinta monedas del ego o de la soberbia para brindárselas a altavoces que hagan ruido. Ningún ego debiera estar por encima de la tarea política marcada por las bases. El asunto territorial es esencial para el futuro de Podemos.
España, repite Podemos, es plurinacional. Pero claro, para que España sea plurinacional, las partes que construyen esa pluralidad tendrán que quedarse en España. Porque si se fueran, España se quedaría uninacional a secas (que es lo que quiere el PP y Ciudadanos). Por tanto, no basta con decir que España es plurinacional. Hay que decir a continuación que la plurinacionalidad, desde nuestra perspectiva, también debe ser española. Vamos a ver este embrollo.

Con la idea de plurinacionalidad se cubre el hecho de que hay una nación catalana, una nación gallega y una nación vasca refrendadas históricamente, al lado de sentimientos de identidad fuertes que podrán convertirse en naciones si crece ese sentimiento. Hay quienes piensan y sienten que Andalucía es una nación (y se ganó en referéndum optar a la independencia como las históricas), pero ese sentimiento no es mayoritario en Andalucía y la identidad andaluza, llena de dignidad (y de cuentas pendientes) no ha desarrollado el sentimiento de querer tener un autogobierno confrontado con España. Podríamos decir lo mismo de Canarias y, si apuramos, del conjunto del Estado. Por tanto, sin querer hacer un juego de palabras, el reto que tiene Podemos se solventaría si entendiéramos que al tiempo que se dice que España es plurinacional, hay que decir que la plurinacionalidad queremos que sea española. Si apostáramos por la independencia, entonces la plurinacionalidad desaparecería. Queremos resolver ver la herida territorial, queremos que las naciones de España se vean reconocidas pero no queremos que nadie se vaya. Aún más, la única garantía de que España no se rompa es Podemos.
Y para terminar de ser sinceros, hay que decir que España es varias Españas y que la plurinacionalidad también es a su vez plurinacional. No es un retruécano. Hay varias Españas dentro de España. El PP tiene una, vieja y autoritaria, Ciudadanos otra, con la cara lavada pero vieja y autoritaria, el PSOE la suya (variable como la dirección del viento) y Podemos está intentando hacer valer la propia. La de Podemos ha estado silenciada. Es la de Lorca, Machado, las 13 Rosas, María Zambrano, las mujeres que lucharon por la amnistía, la de la gente que fue a ayudar en el Prestige o a apagar incendios en Galicia. La España del 15M, la que acoge saharauis, la que llora con los muertos en las pateras, la que cuida, la que acompaña a las mujeres violadas y maltratadas, la que quiere sanidad pública y educación pública, la que se abochorna de los casi 1000 cargos del PP imputados y se abochorna de que Ciudadanos y el PSOE sostengan a M. Rajoy. Todas esas Españas comparten en teoría la defensa de las fronteras, la integridad territorial y casi nada más. Porque para Podemos España pierde soberanía con el artículo 135, con el CETA o el TTIP, pérdida que han hecho posible el PSOE, el PP y C’s. Hablan de España pero la entregan a las multinacionales. Para Podemos la patria son los cuidados que nos brindamos, pero para el PP o C’s, al tiempo que hablan de España desahucian, privatizan la educación o la sanidad o hacen leyes laborales que golpean a los españoles. Son ideas bastante diferentes de España. Pero es esencial entender que si la existencia de Catalunya (y las otras nacionalidades) obligan a España a ser plurinacional, Catalunya también es plurinacional. Es plurinacional porque dentro de la manera de sentirse catalanes hay gente que quiere sentirse española, y hay otros que quieren sentirse musulmanes o negras o chinos. Estamos en el siglo XXI y estamos todos muy mezclados. Si las naciones son tan complejas ¿por qué no buscamos entonces la solución en otro lugar que no sea la nación? Catalunya podría votar ser independiente, pero Barcelona votaría quedarse en España. Si hay una ley de referéndum, esto tendrá que contemplarse: si un territorio decide no marcharse, tiene derecho a quedarse.

La idea del “derecho a decidir” es sencilla de entender pero difícil de aplicar. El derecho a decidir implica que los catalanes podrían votar en territorio catalán acerca de su relación con España. Ese referéndum, como pasó en Quebec o en Escocia, se organizaría desde el Estado, se pactarían la pregunta o preguntas, tendría garantías, medios, posibilidades para hacer campaña, porcentajes, procedimientos. En esa campaña estaría Podemos en contra de la independencia y a favor de un encaje de Catalunya en España donde se solventase de una vez este problema. No es nada sencillo. Insistimos: ¿si hay territorios que quieren independizarse y otros no? Si Barcelona decide no ser independiente y seguir en España pero gana la independencia en el resto de Catalunya ¿qué pasa? Pensar que podían declarar la DUI como quien grita en el fútbol es intolerable. Lo que han hecho los independentistas ha sido muy chusco.
El proceso que cierre el tema territorial de Catalunya debe tener pasos. Es un asunto de voluntad política. Con el artículo 92 de la Constitución podría iniciarse una pregunta acerca de la voluntad de los catalanes de que se abra esa discusión. Eso daría información y normalizaría el debate. Y una vez que el debate esté normalizado, todo lo demás es mucho más sencillo. Es bastante probable que lo que saliera de esa discusión es la prueba de que los catalanes quieren sentirse una nación y gobernarse como nación en su múltiple relación con España. Es lo que dicen todas las encuestas. Irse de España en un mundo globalizado no es muy inteligente, además de que hay más catalanes que quieren quedarse que catalanes que quieren marcharse. Contemos. Esa Catalunya que saldría de un referéndum acerca del encaje en España sería parte del Estado español con todos sus derechos y deberes. Y esto no se volvería a discutir hasta pasado un tiempo. Porque de lo contrario habría mucha incertidumbre, no se cerrarían las heridas, sospecharíamos unos de otros y seguiría siendo algo que produce hartazgo. Para algunos catalanes, Catalunya será parte constitutiva de la nación española en la dualidad que señalamos. Para otros podrán sentirse solamente catalanes pero no dudarían de su pertenencia al Estado y, como decíamos, de sus deberes y derechos. Con esa pregunta empezaría él proceso. Y todos expresarían qué modelo de país queremos, en lo identitario y también en lo social. Y ahí se vería que el PP y Ciudadanos son unos mentirosos.
4. Donde se expresa lo que le ha faltado a Podemos a la hora de explicar la más sensata de las posiciones en un país que está gritando cada día su insensatez

Hay algo que aunque me lo juren no me lo creo. Si hay un accidente de autobús en Cádiz, en Sevilla, en León o en Cáceres donde fallezcan 60 personas, Catalunya se conmociona como nos conmocionamos en Madrid cuando el atentado en las Ramblas. No se estremecen igual en Catalunya cuando el accidente es en Lisboa o en Toulouse, de la misma manera que en el conjunto de España no sentimos más atropellados por ese camión en Barcelona que por cualquier otro atentado en Francia, Austria, Rabat, Bagdad o Noruega. Una nación es, entre otras cosas, ese lugar donde un accidente o un atentado te duele como algo propio. Catalunya siente con España como España siente con Catalunya. Pero Catalunya es una nación porque se ve a sí misma como una nación, pero esa nación, que también es plural, se siente igualmente parte de España. ¿Dónde está el miedo a que esto se sincere? ¿A que decidieran marcharse? Quien piense así no conoce ni a Catalunya ni a España. La discusión no es religiosa. La discusión no es territorial (porque el grueso de los catalanes quieren seguir siendo españoles). La discusión es material: de qué forma va a estar Catalunya en España, cómo va a seguir construyendo nación catalana y qué compromisos va a asumir con el conjunto de España tanto en términos de ayudar a construir el compromiso político como en términos de solidaridad interterritorial. Un alemán de Baviera se siente bávaro pero no cuestiona Alemania. Al revés, la construyes. Ese es el federalismo que debiéramos haber construido pero que las peculiaridades de la Transición impidieron. Si la Transición hubiera cogido el toro por los cuernos, no tendríamos esta crisis de Estado monumental que tanto daño está haciéndonos dentro y fuera.
¿Qué relación quiere tener Catalunya con España? Muchas veces, aún sin decirlo, se piensa en una idea confederal, esto es, dos naciones que se piensan y se sienten diferentes pero que comparten Estado en tanto en cuanto puedan tener cada uno el suyo. En este caso, en tanto en cuanto Catalunya pudiera tener el suyo. Ese no debe ser el proyecto de Podemos. Eso es lo que no ha sido nunca capaz de explicar con claridad ni Catalunya sí que es Pot ni los Comúns ni, en ocasiones, Podemos en el conjunto de España. Dicho de otra manera: claro que hay una nación catalana, compuesta por las ciudadanas y ciudadanos que viven y trabajan en Catalunya, cuya ciudadanía forma parte de maneras muy diferentes de la nación española (unos la siente más, otros la sienten menos) y forman parte con todas sus consecuencias del estado español. Pero también existe España y existe una relación entre España y Catalunya que no es confederal. La relación entre Catalunya y Aragón o Andalucía o Castilla-La Mancha no es la que hay entre los cantones suizos o entre flamencos y valones en Bélgica.

Cuando Catalunya pueda encontrarse como nación sin posibilidad de chantaje con el resto de España, empezaremos a construir el proyecto compartido. Esto implica que Catalunya debe tener autogobierno y como principal elemento de ese autogobierno, debe poder decidir en algún momento cómo se relacionan con el resto de España. Porque ese referéndum donde Catalunya debe expresar su compromiso consigo misma, con la nación española y con el estado español debe servir para que dejemos de hablar del asunto, cerremos esa herida histórica y podamos enfrentar los muchos retos que nos brinda la globalización neoliberal.
Esa pregunta a los catalanes no puede limitarse ni a la que han expresado los independentistas con su aventurerismo pueril condenado a la derrota, a sembrar melancolía y a avivar a bestia fascista que andaba dormida -¿quiere irse de España y tener un Estado propio?- ni la de la España monárquica canovista -¿Quiere usted quedarse en España tal y como estaba hasta ahora?-, sino que debe abrir una nueva posibilidad: ¿quiere usted pertenecer a una España comprometida, con todas sus consecuencias, con la defensa de la identidad nacional plural, con la solidaridad y la fraternidad entre todos los españoles?

Si el PP no tuviera cada día un caso de corrupción, otro gallo cantaría. Pero el problema viene de lejos. En La Transición contada a nuestros padres (perdón la autocita) ya contaba que se habían hecho bien las cosas para los franquistas y la monarquía y regular para la democracia. Ahí está el Senado, que era una Cámara para frenar los cambios dándole mayoría al PP por una ley electoral que estaba ya diseñada en la Ley para la Reforma Política. Ahí está la monarquía, que no arbitra mucho. Ahí está M. Rajoy, que manda SMS y recibe sobresueldos pero no dimite. Ahí está la Fundación Francisco Franco y ahí está España como el país grande más desigual de la Unión Europea.

Avivar el fantasma de que España se rompe le da lo mismo al PP en Catalunya, mientras que le da votos en el resto de la España menos dispuesta a pensar nuestro país tal cual es. En el caso de Ciudadanos, el daño que hace es enorme. Por un lado, porque aviva el centralismo canovista que conduce irremediablemente a un choque con Catalunya, con el País vasco, con Galicia y vaya usted a saber si no con unos cuantos sitios más. Los de Ciudadanos son igual de aventureros que los Independentistas, si bien desde la acera contraria. Puigdemont y Rivera son ambos grandes negadores de España. Por otro lado, porque la lepenización de Ciudadanos, va a repetir el discurso nacionalista agresivo, pero no va a solventar los problemas que tienen los catalanes y catalanas con trabajos precario, desahuciados, exiliados o que no tienen acceso a estudios, sanidad o pensiones dignas. No olvidemos que Ciudadanos es un partido creado por los bancos.

5. Conclusiones para que nos entendamos a nosotros mismos y lo podamos contar a los vecinos

1) Podemos tiene que enseñar que España es plurinacional, pero también tiene que enseñar que la plurinacionalidad es a su vez plurinacional (no hay una sola Catalunya en Catalunya) y la plurinacionalidad es también española. Podemos no apuesta por la confederalidad. España también es tarea de Catalunya. Podemos no es independentista y habla especialmente a los catalanes que se quieren quedar en España. Defiende los derechos de los que no piensan como nosotros, porque somos demócratas, pero hay que dejar claro que lo que plantean nos parece una invitación al desastre (aunque solo sea porque todos perderíamos peso en la Unión Europea y, por tanto, en el mundo). Hemos defendido los derechos de los presos políticos, porque somos demócratas, pero lo que han hecho caminando por la vía unilateral es aberrante. Puigdemont en Bélgica y Junqueras en la cárcel es una señal del disparate.

2) Para que Podemos sea entendido por los que quieren una nueva España, tiene que recuperar la patria española que defendió en sus orígenes. Debe también reconocer sus errores: hemos dejado que el PP se recupere con el discurso tramposo de España porque no hemos sido capaces de hacer valer esa otra España. Hay que hacer valer esa España valiente frente a los patriotas del PP que tienen el dinero en Suiza y en Panamá y que han saqueado las arcas públicas porque están en política para forrarse. No es lo mismo desde Catalunya sentirse parte de una España emergente y europea que de una España casposa llena de corrupción y amenazante. Con Podemos en La Moncloa se hace casi imposible que nadie quiera irse de España. Y eso lo saben los independentistas porque la única fuerza que les ha derrotado en las generales y en el ayuntamiento de Barcelona ha sido Podemos.

3. Podemos tiene que apoyar el derecho a decidir pero tiene que dejar claras las normas. La Ley de claridad que aprobó Canadá para hacer su referéndum de independencia nos vendría muy bien porque clarifica cómo se hace un referéndum pactado. Todas las partes del territorio pueden irse o quedarse, hacen falta porcentajes altos, concierne a los naciones pero también a España y al igual que establece derechos establece obligaciones. Con estas reglas, los que quieren irse se lo piensan dos veces, se toman muy en serio el asunto y no frivolizan. Es decir, dialogan. Algo de gran relevancia cuando el independentismo va a seguir sacando un muy alto resultado electoral en Catalunya.

4. Podemos tiene que dejar claro que los independentistas del PdeCat son los mismos burgueses que han hecho exactamente lo mismo que el PP en el conjunto de España. Podemos tiene ahora mismos una obligación de hacer de cemento de esa nueva España. Tiene que ayudar a que el PSOE deje de estar en el bloque decadente junto a Ciudadanos y el PP, cumpliendo Sánchez así su promesa de plurinacionalidad expresada en sus primarias, y tiene que ayudar a que ERC deje de apoyar el independentismo unilateral y entienda que hay una España diferente con la que se puede hablar desde el compromiso y la solidaridad.

5. Por último, Podemos debe recuperar el horizonte del proceso constituyente que solvente de una vez por todas la herida histórica, que permita los referéndum (con una Ley de claridad previa) y que blinde los derechos sociales en todo el territorio. Que cambie la ley electoral y haga del Senado una cámara de los territorios y termine con su consideración de Cámara de bloqueo; que entre en el siglo XXI y entienda que el Estado tienen que ser en buena medida municipal, dotándoles de un tercio del presupuesto; que no permita que el Ejecutivo estrangule otros niveles del Estado ni que convierta las cuestiones de financiación en un chantaje; que cierre las competencias con las Comunidades de manera definitiva, impidiendo de nuevo chantajes en virtud de las necesidades parlamentarias; que impida que los corruptos hagan política; que garantice la independencia de los jueces; que ordene el desbarajuste del café para todos, respetando las identidades culturales de los territorios (esencial en cuestiones de educación, cultura y lengua) pero saliendo del absurdo de las duplicidades y de la fragmentación ineficiente armonizando la fiscalidad entre territorios, unificando los diferentes calendarios médicos, la movilidad laboral en todo el territorio, los mismos sueldos a los funcionarios, la coordinación de los servicios sanitarios y, algo intolerable a día de hoy, que lleve instituciones de Estado a otros territorios (por ejemplo, el Tribunal Constitucional a Bilbao o Barcelona, la Comisión Nacional del Merado de Valores a Segovia, Patrimonio a Santiago, etc. En España se está normalizando la precariedad mientras las grandes cifras de la economía mejoran. Eso va a aumentar la frustración de mucha gente que no va a entender por qué le va mal. Si los demagogos agitan el fantasma nacionalista, tendremos servido el enfrentamiento entre españoles. El patrioterismo es una salida demasiado fácil para los que no tienen escrúpulos. Podemos tiene una tarea esencial con el bienestar y la paz en España. Para terminar con las desigualdades, crear empleo, derechos sociales, y cerrar la discusión nacional a satisfacción de la mayoría. No es nada sencillo, pero el reto merece la pena. Y sólo lo puede hacer Podemos.