lunes, 7 de octubre de 2013

PGE-2014: No habrá recuperación, sólo más pobreza


Roberto Centeno, artículo publicado en El Confidencial con fecha 7.10.2013.
 
 

“Presupuestos de la recuperación y con marcado carácter social”, diría Montoro. No se puede ser más mentiroso y más desalmado con tan pocas palabras: 29 millones de personas, entre empleados públicos, pensionistas y parados, y el 80% de asalariados perderán poder de compra en 2014. ¿Cómo puede alguien ser tan falsario para afirmar que la mayor deflación salarial conocida traerá la recuperación, y tan desalmado para afirmar que tan colosal pérdida de poder de compra tiene marcado carácter social? ¿Cuándo un país ha salido de una crisis reduciendo brutalmente el poder de compra de su población, despilfarrando un 10% del PIB en gasto político improductivo, sin inversión y sin crédito? No hay ni habrá ninguna recuperación, sólo acelerarán el crecimiento de la pobreza y la destrucción de la clase media.

En 2012, los hogares españoles perdieron un 18,4% de su riqueza, mientras que los salarios cayeron un 5%. Además, la desigualdad social es hoy por hoy la mayor de toda Europa. La relación entre el 20% de la población que más ingresa y el 20% que menos es en España de 7,5, la tasa más alta de los Veintisiete, cuya media es de 5,7. Y a pesar de todo, la gente sigue paralizada. Por primera vez en siglos, no es que los hijos vayan a vivir peor que sus padres, sino que más de la mitad no va a encontrar trabajo al terminar sus carreras, y los que lo encuentren, en su mayor parte, serán trabajos con salarios irrisorios.

Puedo entender casi todo, pero no que unos padres crecientemente empobrecidos, a los que se les niega un futuro para sus hijos, no se movilicen por lo más importante en sus vidas. Sin embargo, como tiene escrito mi maestro Antonio García Trevijano, todas las revoluciones -la francesa y la rusa, incluso la presidencialista en EEUU- comenzaron cuando empezaron tras mejorar las perspectivas después de un largo periodo de pobreza. Cuando no hay esperanza de mejora, nadie se mueve. Tal vez esa es la razón de la 'inexplicable' pasividad del pueblo español ante su ruina.

¿Qué credibilidad pueden tener unos tramposos profesionales?

La gente y los medios parecen no tener memoria. Por ello, antes de explicar la falsedad y la impiedad de los PGE-2014 hacia los más débiles, sobre los que se está haciendo recaer el grueso del ajuste económico y financiero, es necesario recordar qué afirmaban en el pasado estos tramposos y lo que ha sucedido en realidad.

Presupuestos generales de 2012: 

Previsiones esenciales: gasto AAPP: -8,0%; realidad: (1) -4,8%.

Tasa de paro: 24,3%; realidad  26,02%. Déficit público: 5,3%; realidad: 10,6%, la mayor desviación presupuestaria de la historia.

No dieron una, ni por aproximación, y ¿saben cómo bautizaron los PGE-2012? “Los presupuestos de la credibilidad”.  

Puedo entender casi todo, pero no que unos padres crecientemente empobrecidos, a los que se les niega un futuro para sus hijos, no se movilicen por lo mas importante en sus vidas.Vayamos ahora a los PGE-2013, los “del crecimiento y del empleo”. No hay cifras definitivas, pero las conocidas demuestran que, si en 2012 no dieron una, 2013 está a años luz. La primera es la afirmación central de que Rajoy y sus secuaces “han situado a España en la senda de consolidación fiscal”. Fíjense lo consolidada que está que a finales de agosto los ingresos habían bajado un 0,3%, los gastos habían subido un 5,5% y el déficit del Estado era del 4,62% frente a un 3,6% previsto para todo el año. ¡Un 28% más!

Al igual que los de 2013, preveían una reducción del paro al 24,3%, pero a mitad de año era ya del 26,4%. El déficit de caja para todo el año era de 38.000 millones; sin embargo, a finales de agosto ya era de 45.185 millones. Y la demanda nacional, el 98% del PIB, del -3,2% previsto ya alcanza el -4,3% en septiembre.

Las cuentas de 2013 afirmaban, también, que la banca estaba ya recapitalizada y que su rescate no costaría ni un euro a los españoles. A mediados de año se supo que el FROB, cuya falta de transparencia es total, ya da por perdidos 36.000 millones que, sumados a los 9.000 perdidos en el rescate de Castilla-La Mancha, eleva la pérdida a 45.000 millones, de momento. Bankia, que ha recibido 24.000 millones, tiene un valor en bolsa de menos de 8.000. ¿Alguien en su sano juicio piensa que vamos a recuperar los 24.000 millones?

Estos desalmados no tienen piedad: hacen el ajuste sobre los más débiles, los jubilados y los parados. Pero si tres de cada diez niños pasan hambre la culpa es de los padres; si 578.000 familias se quedan sin ayuda para libros es porque no hay dinero. Sin embargo, para la casta financiera y política el dinero es ilimitado.

Y esta es la pregunta clave que toda persona racional debería hacerse, ¿qué credibilidad pueden tener las cifras elaboradas por parte unos tramposos, cuya falsedad está probada más allá de toda duda razonable? Cero, y a partir de aquí se puede afirmar con certeza absoluta que la realización presupuestaria de 2014 no tendrá nada que ver con los PGE-2014, como ha ocurrido en 2012 y está ocurriendo en 2013. Todo será mucho peor.

Estos desalmados no tienen piedad, hacen el ajuste sobre los más débiles, los jubilados y los parados. Pero si tres de cada diez niños pasan hambre la culpa es de los padresSi vamos al cuadro macroeconómico que sustenta los PGE, la falsedad es absoluta. Empezamos por los más importantes, el consumo privado, que supone el 59% del PIB: del -6% en septiembre de 2013 pasa al 0,2% en 2014.

Con una caída de renta disponible para 28 millones de personas, agudizada en los asalariados ya que el propio cuadro prevé una bajada del 0,6% en los costes laborales unitarios, ¿cómo imaginan que el consumo privado vaya a remontar? Es un imposible metafísico. Pero, además, el agregado demanda nacional -consumo privado, público e inversión, un total del 98/99% del PIB- era del -4,3% a finales de septiembre y se prevé que su caída sea sólo del -0,4%. Esto ya no es voluntarismo, es conscientemente falso.

Y así todo lo demás, un cúmulo de falsedades y despropósitos. El resumen es este:

1.- Los PGE-2014 son un camelo, igual que los de 2012 y los de 2013. No sólo no hay recuperación, sino que estamos en la antesala de la recesión.

2.  Lo único seguro de los PGE-2014 es el empobrecimiento adicional de los más débiles: pensionistas, parados, asalariados y empleados públicos.

3.  Los bancos españoles están muy lejos, a pesar del río de dinero y avales dilapidados, de haber resuelto sus problemas, incluidos los dos grandes porque su capital no es el adecuado para cubrir futuras pérdidas. Para el equipo del FMI que acaba de analizar el tema, los bancos necesitan 61.200 millones urgentemente: 38.800 para fallidos en préstamos refinanciados, 18.800 para fallidos no-ladrillo, y 9.300 para ladrillo, según Oliver Wyman (caso adverso).

4.- La deuda pública total -no sólo la computable- ascenderá a finales de 2013 al 136% del PIB. Esa cifra es ya imposible de devolver.

Adicionalmente, que Mariano Rajoy esté financiando con nuestro dinero la secesión de Cataluña y del País Vasco es un caso claro de deslealtad a España y deslealtad a cualquier región española que no sean Cataluña o el País Vasco. Los PGE-2014 le quitan, por segundo año consecutivo, las inversiones a Madrid para dárselas a Cataluña, igual que le han dado la supremacía al aeropuerto de El Prat a base de decretos y decisiones tomadas por el Gobierno de Madrid.

La etapa de Rajoy

Como les prometí la pasada semana, hoy sintetizo la etapa de Rajoy. Si hubiera que definir al presidente del Gobierno, habría que decir de él que, además de un cobarde, tiene una desidia insuperable en la toma de decisiones. Su cerebro, acostumbrado a recibir órdenes -porque siempre fue muy bien mandado- ha sido incapaz de adaptarse a la jefatura: ¡lejos de mí el nefando vicio de pensar y de trabajar! La historia de este trepa profesional no empieza con las elecciones de noviembre 2011, viene de mucho más atrás. Yo la empezaría en el congreso amañado de Valencia, donde se autoproclamó líder del PP y donde asestó una puñalada mortal al futuro del partido eliminando a sus mejores cabezas, sustituyéndolos por niñatos de tres al cuarto y aduladores profesionales.

Que Mariano Rajoy esté financiando con nuestro dinero la secesión de Cataluña y del País Vasco es un caso claro de deslealtad a España y deslealtad a cualquier región españolaSu capacidad de gestión se vio perfectamente retratada a lo largo de su dilatado periodo de jefe de la oposición. Mientras afirmaba muy serio en el Parlamento que “no se puede gastar más que lo que se ingresa”, las CCAA más despilfarradoras como Valencia o Murcia, o la capital de Europa más manirrota por decirlo suavemente, Madrid, no merecieron la mínima atención del personaje y gastaron y gastan a sus anchas. Por entonces, algunos decíamos: “Si Rajoy no es capaz de poner orden en su propia casa, ¿cómo va a ser capaz de poner orden en España?".

En septiembre de 2011, en un programa de televisión en el que coincidí con Cristóbal Montoro, me dijo que iban a recibir una herencia envenenada, que el déficit público iba a ser del 8,5% y no del 6%, algo que conocían desde julio todos los analistas. Me confesó que iban a bajar impuestos y recortar gasto político porque era la única manera de crecer. Este sería el centro de la campaña electoral de Rajoy. Al formar nuevo Gobierno, y rasgándose las vestiduras, aseguró –después de imponerle la gran cruz de Isabel la Católica a ZP por sus “grandes servicios a España”-: “¡Nos han engañado, el déficit no es del 6% es del 8,5%, y no tenemos más remedio que subir impuestos!”.

El engaño de Rajoy a su electorado sería total: haría exactamente lo contrario de lo que prometió, lo que le convierte en un presidente inveraz, que es lo peor que le puede suceder a un jefe de Gobierno. En un presupuesto de más de 400.000 millones, de los que 100.000 son gasto político improductivo, ¿no había ningún sitio de donde recortar 6.000 millones? Inaudito. En cuanto al gasto, en febrero de 2012 Montoro anunció a bombo y platillo que enviaría a “los hombres de negro” a las CCAA e intervendría las que hubieran superado los límites de gasto y deuda. Dos semanas después, las convocó en Madrid para decirles todo lo contrario, que “no se dejará quebrar ninguna autonomía y se habilitarían los recursos para ello”: 60.000 millones para que siguieran despilfarrando los caudales públicos para satisfacer su vanidad, su nepotismo y las exigencias inmorales de su corrupción.

Rajoy estaba convencido de que su sola presencia bastaba para que los mercados se rindieran ante él y la prima de riesgo bajara. Con medidas tan disparatadas, ocurrió justo lo contrario y a mediados de 2012 la prima de riesgo coqueteó con los 700 puntos básicos, un nivel muy superior al de la intervención. Pero en lugar de intervenirnos, lo que habría cortado de raíz el despilfarro político a otro irresponsable, Mario Draghi dijo que no dejaría quebrar a ningún país del euro, igual que Rajoy con las CCAA, pero con una diferencia esencial: Rajoy lo hace con el sudor y las lágrimas de los españoles y Draghi imprimiendo papeles de colores. Tras eso, la prima de riesgo bajó automáticamente.

Sólo la irresponsabilidad absoluta del BCE con su barra libre dando más y más droga a los drogadictos sin control alguno mantiene en pie hay un modelo de Estado insostenible y un sistema financiero quebrado. El resultado: sus primeros 18 meses en el poder han sido los de mayor endeudamiento desde Felipe II, la salvajada de 333.000 millones según el Banco de España, un tercio del PIB. Y a finales de 2013 esta cifra superará los 1,4 billones de euros o el 136% del PIB oficial.

La indigencia mental de Rajoy ha sido como la de su antecesor, manteniendo el Estado de partidos donde sobran decenas de instituciones, un millón de empleados públicos y 20.000 asesores que no asesoran. Y su disparatado gasto a costa de lo que sea, y lo que sea es llevar a la miseria a millones de gobernados, a destruir la clase media, a lo que Carlos Marx denomino “invertir en lujo asiático en medio de la miseria” y a dejar hipotecado el futuro de las siguientes generaciones. Este es el hombre que ahora dice que nos sacará de la crisis.    

LAS CONTRADICCIONES DE LOS PARTIDOS


Artículo de Ignacio Escolar, publicado en el diario con fecha 4 octubre 2013.

Su crisis es evidente. Ni siquiera los propios partidos la niegan: nunca antes los ciudadanos han confiado menos en ellos y aparecen en las encuestas como uno de los mayores problemas de la sociedad. Su imagen está bajo mínimos, tienen un enorme problema de credibilidad y no son pocos los políticos que se enfrentan, a diario, con abucheos en casi cualquier lugar al que acuden.

Es cierto que hay partidos y partidos, y que aquellos que defienden que "todos los políticos son iguales" suelen apoyar a los peores. Pero es un error pensar, como algunos prefieren creer, que esta crisis de los partidos es solo un subproducto de la crisis económica: que cuando el paro baje y suba el PIB, todo volverá a la normalidad. No tiene pinta de que vaya a ser así.

El deterioro de las instituciones es tan profundo que no solo la recuperación económica bastará para recuperar la confianza de unos ciudadanos cuyas convicciones democráticas, sin embargo, no están en duda: el apoyo a la democracia representativa alcanza máximos históricos. Es el funcionamiento y la calidad de esa democracia lo que está en cuestión, empezando por sus cimientos: por los partidos. Su crisis responde a una larga lista de contradicciones, de problemas que hace años que están ahí, pero que ahora ya no se pueden obviar.

1. La democracia se levanta sobre organizaciones muy poco democráticas.

Artículo número 6 de ese famoso papel mojado al que llamamos Constitución: "Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política (...) Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos". ¿Democráticos? ¿Cómo de democrática fue la elección de Mariano Rajoy por José María Aznar, o de Aznar por Manuel Fraga, al frente del Partido Popular? ¿Tiene sentido que la mayoría de los partidos representados en el Parlamento elijan sus listas con procedimientos opacos, donde suele ser la dedocracia quien decide los candidatos?

Los pocos partidos que mantienen algo de democracia interna para escoger a sus dirigentes suelen utilizar para ello métodos más propios del siglo XIX que del XXI. En tiempos del tren a vapor o de la clandestinidad, tenía sentido que los congresos de los partidos se decidiesen por medio del voto indirecto, nombrando delegados por cada agrupación que después se reunían para, entre unos pocos, elegir al líder. Pero, en los años de Internet, ¿qué sentido tiene que los máximos dirigentes de los partidos no sean votados de forma directa por los militantes o incluso simpatizantes? ¿Hay alguna ventaja objetiva de este método de elección indirecta, aparte de la capacidad que otorga a los dirigentes de un partido para mantener el control de la organización incluso contra el criterio de sus bases?

Los argumentos de aquellos que se oponen a las primarias no suelen ser muy distintos a los que, en tiempos, otros presentaban contra la democracia: el riesgo del populismo, la división interna, el exceso de personalismo... A algunos solo les falta decir aquella frase tan rancia de "no confundir la libertad con el libertinaje". Pero como bien explica el sociólogo Ignacio Urquizu en esta misma revista, en el fondo de lo que hablamos es de algo tan sencillo como creer o no creer en la democracia como método de trabajo, no solo como herramienta para la alternancia en el poder. Es una cuestión de principios (o de ausencia de ellos).

2. Los partidos gestionan la representación, pero lo hacen con un sistema electoral no muy representativo.

Probablemente la capacidad transformadora que algunos atribuyen a la reforma electoral es exagerada. Un sistema estrictamente proporcional no vacuna contra el despotismo y la corrupción. Como recuerda Carlos Elordi, Italia es un ejemplo de un modelo electoral proporcional casi puro... que ha provocado más problemas que bendiciones a los italianos. Sin embargo, es también cierto que el diseño de un modelo creado desde el búnker franquista –lo explica en estas páginas Pere Rusiñol– es hoy percibido como injusto por una gran parte de la sociedad. Y con razón. El sistema prima a los dos grandes partidos, es relativamente positivo para los nacionalistas periféricos y penaliza a las minorías dispersas. Provoca el voto a la contra, en vez del voto a favor. De hecho, es probable que en las próximas elecciones generales veamos un importante retroceso en las urnas de los dos grandes partidos que, sin embargo, no será para tanto en su representación en el Congreso, gracias a la ley electoral. Si esta ley es hoy injusta, en una situación como la que ahora pronostican las encuestas lo sería aún más.

3. Los partidos son los intermediarios de la soberanía popular en un momento en el que la intermediación declina.

¿Cómo saber qué quiere el pueblo? La actual democracia es la respuesta tecnológica de la era de la imprenta a esa pregunta. Los ingredientes eran dos: un censo electoral –algo complicado de conseguir en los tiempos pre informáticos– y una caja llamada urna donde depositar el voto. Era un proceso caro y complejo: por eso no salía a cuenta votar a todas horas. Pero hoy en día, en los años de Internet y las redes sociales, la tecnología permite otras opciones para resolver esa misma pregunta: encuestas en tiempo real, democracia más participativa, sistemas de debate virtual... Pensar que la democracia representativa, tal y como hoy la conocemos, no va a seguir evolucionando para dar aún más voz a los ciudadanos es tan ingenuo como creer que hemos llegado al final de la historia. "¿Habrá partidos? Es como preguntar si habrá universidades o periódicos en el futuro", analiza el catedrático en ciencia política Joan Subirats. "Lo que imaginamos es que habrá espacios educativos y espacios informativos", y también organización e ideas en la política, que probablemente se parezcan tan poco a los partidos como los políticos de hoy al conde de Romanones.

4. El control sobre sus finanzas está en manos de los supuestamente controlados.

¿Quién vigila a los vigilantes? En el caso de España, nadie. Es la mano izquierda quien fiscaliza a la derecha, bajo las órdenes de un mismo cerebro. Son los propios partidos quienes nombran a los miembros del Tribunal de Cuentas que examinan su contabilidad. ¿El resultado de esa dependencia casi jerárquica? A la vista está. El Tribunal de Cuentas entrega sus informes con cinco años de retraso, justo el plazo en el que prescribe el delito de financiación ilegal. Sus investigaciones nunca han encontrado ni uno solo de los grandes escándalos de corrupción. Ni los sobres de Bárcenas, ni la Gürtel, ni el Palau, ni Nöos ni los Eres de Andalucía han sido descubiertos por este inútil órgano de control que está capturado por sus supuestos vigilados. ¿La solución? Basta con mirar al extranjero: consiste en crear organismos formados por personas realmente independientes del poder político, nombrados por mayorías cualificadas, con mandatos irrevocables y también no renovables. Es lo que hacen en Francia, donde –por ejemplo– las cuentas de la campaña del expresidente Nicolás Sarkozy han sido rechazadas; esto implica que su partido perderá gran parte de sus subvenciones oficiales. Se trata de la contabilidad de 2012. En España, no sabremos cómo fueron las cuentas de los partidos en ese año hasta 2017, con suerte. Y si aparece alguna irregularidad, no habrá tampoco una durísima sanción.

5. Nunca antes ha sido más necesaria la política, nunca antes ha sido más débil.

La crisis de los partidos y de la intermediación llega en mitad de la tormenta perfecta, especialmente en la Europa intervenida: cuando fracasa el estado nación, superado por la globalización de los mercados y por mantas, como el euro, que solo abrigan la cabeza o los pies, pero no las dos cosas a la vez. El economista Dani Rodrik lo plantea como un «trilema». Democracia, Estado nación y globalización: elige dos de tres. Puedes ser un Estado nación globalizado, como China. O un país formalmente democrático y globalizado, pero sin soberanía económica, como es España hoy. Los ciudadanos exigen a los políticos soluciones y quedan después frustrados al descubrir que dan igual las urnas porque las decisiones transcendentales sobre sus vidas, que son siempre económicas, se toman muy por encima de sus cabezas. La soberanía está hoy más allá del Congreso: en organismos tecnócratas, como el Banco Central Europeo, o en parlamentos donde los españoles no votan, como el alemán. ¿La solución? Sin duda pasa por más política, una capaz de plantar cara a los mercados, y también por elevar la soberanía a un mayor ámbito de decisión; tal vez a una Europa verdaderamente unida y donde todos los ciudadanos, griegos o alemanes, cuenten con los mismos derechos. Pero la política está atrapada en una espiral que la debilita, precisamente por no poder resolver esta situación. Solo Angela Merkel consigue sobrevivir a la crisis del euro, precisamente porque en el epicentro de la tormenta es el único sitio donde el viento parece estar en calma.

6. La llave de la reforma la tienen los mismos que, si hay reforma, serían desahuciados.

¿Quién tiene en España el poder para refundar la política, los partidos, las instituciones? Precisamente la generación de la Transición, la que aún ocupa el poder político y económico, la que nos ha llevado hasta aquí. ¿El mayor símbolo? El rey, y su tan real como metafórica enfermedad: una infección en la prótesis que le impide caminar.

7. Pedimos mejores políticos, despreciamos a todo aquel que se involucra en la política.

"No le digas a mi madre que soy diputado, ella piensa que soy pianista en un burdel", bromean algunos parlamentarios. Los hay honestos y se quejan, con razón, del discurso anti político que les presenta a todos ellos como receptores de sobres y privilegios, como aprovechados con pensión vitalicia que nunca se bajan del coche oficial. Las falacias sobre ellos se extienden –como ese bulo de que España es el país europeo con más políticos–, y se pueden convertir, poco a poco, en profecías auto cumplidas: si todos los políticos aparecen ante la sociedad como corruptos y mangantes, solo quienes sean así tendrán incentivos para continuar.

8. Los políticos no vienen del extranjero.

Hay un académico sueco, Bo Rothstein, que ha encontrado una relación bastante directa entre el nivel de corrupción que hoy tienen los países y su nivel educativo de 1870. La historia va muy deprisa, pero algunas de sus dinámicas son a cámara lenta. En el caso de España, hablamos de un Estado que solo consiguió acabar con el analfabetismo hace apenas 40 años, casi un siglo más tarde que los países del norte de Europa con los que hoy nos queremos comparar. Nuestro porcentaje de universitarios es hoy alto, pero el factor que más influye en la educación sigue siendo el nivel educativo de las familias: cuántos libros había en la estantería del salón de sus padres. La herencia de un siglo XIX para olvidar y un siglo XX derrotados por una dictadura aún se nota, y mucho, en la España de hoy. Fenómenos antropológicos como el de Carlos Fabra, en Castellón, demuestran que el caciquismo jamás se marchó.

La responsabilidad es compartida: es del partido, del político. Y también de la sociedad, que tolera o incluso premia electoralmente la corrupción, que permite la mentira en el Parlamento o que se acostumbra a esa trampa argumental que intenta igualar la responsabilidad política con la responsabilidad penal; como si el único motivo que justifica una dimisión en política fuese la entrada en prisión. ¿Mejores partidos? Claro que sí. ¿Mejores políticos? Por supuesto. Pero para eso hacen falta ciudadanos comprometidos, que hagan algo más que quejarse en Twitter o en la barra del bar.

jueves, 19 de septiembre de 2013

DOS VERDADES SOBRE LAS PENSIONES


Artículo de Pedro Montes, publicado en Crónica Popular con fecha 16 septiembre 2013.

 
La reforma de las pensiones está de nuevo en el ojo del huracán de la política neoliberal del PP. Por ser más preciso, habría que decir que la degradación del sistema público de pensiones no ha dejado de estar entre los objetivos de todos los gobiernos durante las últimas décadas, desde cuando allá a mediados de los años 80 el PSOE llevó a cabo la primera reforma. La prueba más concluyente es que teniendo las reformas un período de maduración medible por décadas, cada unos cuantos años, se manifiesta la necesidad de emprender nuevos recortes, tomando siempre como pretexto  el sublime objetivo de garantizar su futuro.

La reforma de las pensiones está de nuevo en el ojo del huracán de la política neoliberal del PP. © La Moncloa Gobierno de España

Apenas dos años después de la última reforma, la que ejecutó  el gobierno de Zapatero con el beneplácito de las direcciones de los dos sindicatos mayoritarios, ya se ha culminado la fase de preparación de la nueva reforma con él casi “preceptivo” informe de los “expertos”, todo menos independientes,  y el gobierno del PP, en su violenta política antisocial,  ya está a punto de legislar las nuevas dentelladas que pretende dar a las pensiones.

Este es un asunto al que no puede ser ajeno ningún sector de la población, lo que debe tenerse en cuenta a la hora de organizar la respuesta de la izquierda. Ya  sean los jóvenes sin trabajo y con escasas perspectivas de generar un derecho a pensión, los actuales pensionistas, que están viendo reducir el montante de sus prestaciones y él tiempo necesario para lograrlas -no cabe olvidar la infame prolongación de la edad de jubilación a los 67 años de la última reforma del PSOE-, y, en fin, los actuales pensionistas, a los que directamente se les pretende reducir de modo sistemático el poder adquisitivo de su prestación.

No hace falta recortarlas para garantizar su futuro

Sin entrar en los detalles y concreción de la nueva reforma, que será contundente, con los sindicatos entrando de nuevo a un trapo del que sólo pueden salir engañados, cabe exponer dos verdades decisivas  sobre el futuro de las pensiones, en apariencia contradictorias pero que guardan una coherencia extrema si se enfoca correctamente la cuestión.

Los recortadores de derechos  siempre fundamentan sus propuestas en que  la relación trabajador/pensionista, esto es, el número de trabajadores activos por pensionista irá disminuyendo, tanto más cuanto que,  con ese lamentable y desgraciado avance de la esperanza de vida, los pensionistas tenderán a acumularse. Con este sencillo esquema explicativo,  les salen todas las cuentas a los expertos oficiales para declarar, nada menos, la quiebra a la Seguridad  Social en el año que convenga y para proponer, por tanto,  la  disminución necesaria de las prestaciones si se quieren garantizar en el futuro.

No obstante, basta considerar no cuántos trabajadores activos tendrán que “mantener” a los pensionistas, sino cuánto podrán producir los posibles trabajadores activos para que el problema tenga otro cariz y las conclusiones sean radicalmente distintas. Una economía creciendo moderadamente y generando un modesto empleo para absorber a los millones de parados, con un aumento también moderado de la productividad de cada trabajador, cosa que garantiza el avance tecnológico, permitiría un crecimiento de la renta del país que podría dedicar una porción de ella no significativamente distinta de la actual para mantener sin recortar las pensiones del futuro. Sería muy fácil demostrar con datos esta conclusión, como de hecho está demostrada, por no mencionar que el gasto público en pensiones podría financiarse con ingresos no sólo provenientes de las cotizaciones sociales.

La primera verdad por consiguiente sobre  las pensiones es que no es necesario recortarlas para avalar su futuro. Se produce así un choque de expertos contra expertos basado simplemente en la forma de formular el problema. La ideología, como cabe pensar,  desempeña un papel decisivo a la hora de delimitar a los bandos.

La reforma de las pensiones es un asunto al que no puede ser ajeno ningún sector de la población, lo que debe tenerse en cuenta a la hora de organizar la respuesta de la izquierda

La segunda verdad tiene que ver con el futuro real de las pensiones.  Para los recortadores, su objetivo esencial es acometer reformas que las reduzcan de modo inmediato; o sea, justificar la ignominiosa, burda y cruel política del PP. Si todo lo que pronostican fuera verdad y sus previsiones correctas, no se explica, como se ha dicho, que cada poco tiempo revisen sus cálculos para ensombrecer el horizonte y proponer nuevos recortes. No hay mucha seriedad en los expertos ni, por supuesto, ningún cientifismo en sus proposiciones.

Es necesaria otra política económica

Lo que sí lo que es  verdad es que de aplicarse la política que ellos propugnan aisladamente  para las pensiones, al margen de otras cuestiones y sin  encajar en una visión más general de la evolución económica, el futuro de las pensiones corre un grave peligro. Otro recorte de las pensiones se inscribiría en la política de austeridad que se viene aplicando para, según dicen, remontar la crisis. Pero los resultados saltan a la vista y conforman una situación estremecedora: el país cada vez más empobrecido, con más marginación y paro, con un maltrecho estado del bienestar  y  sin ninguna perspectiva de salir de la crisis,  por mucho que se empeñe el gobierno para consolarnos y engañarnos. Así, pues, los recortadores no sólo quieren empeorar  las pensiones, algo que como se ha visto afecta a toda la población y el  comportamiento de gasto de las familias, sino que ponen en grave amenaza el futuro del  sistema público.

Volver a disminuir las pensiones es amenazar su futuro, mientras que la alternativa de defenderlas es la mejor y manera de luchar por la supervivencia del sistema público

La segunda verdad, por consiguiente, es que es necesaria otra política económica para no poner en peligro real el futuro de las pensiones. Una política que rompa con el patrón de la austeridad y los recortes. No recortar las pensiones es una forma de contribuir a disminuir ese peligro. De ese modo, se puede afirmar que, aunque parezca paradójico, volver a disminuir las pensiones es amenazar su futuro, mientras que la alternativa de defenderlas es la mejor y manera de luchar por la supervivencia del Sistema público.

La coherencia de esta alternativa parece indiscutible, pero no es menos cierto que en el fondo de ella subyace una cuestión fundamental: cómo afrontar la terrible crisis económica, cómo resolverla. En este crucial tema debería haber una brecha no superable entre la derecha y la izquierda, si bien lamentablemente la izquierda todavía no se ha aclarado. O por ser más preciso, parte de la izquierda sigue sin aclararse.

LOS ASESINADOS SOCIALES


Artículo de Arturo Gonzalez, publicado en Público con fecha 17 septiembre 2013.

 

Ya es oficial. La mayor afrenta que se ha inferido a la sociedad española. Sin inmutarse y con el mayor impudor imaginable, comunican las cifras: las pensiones se recortarán en 33.000 millones y además ellos mismos reconocen que los asesinados sociales, quiero decir, los pensionistas, verán reducidas su pensión por lo menos hasta 2022. Claro que lo dicen con el mismo impudor y sin inmutarse con el que han confirmado que la mayor parte de los 100.000 millones empleados en rescatar bancos y cajas se perderá, esto es, lo pagaremos nosotros, en contra de lo que habían dicho hasta la saciedad.

¿Pero cómo es posible que nadie, absolutamente nadie, les siga votando a estos sujetos? ¿Cómo es posible que los periodistas conservadores sigan ciegos y defendiendo al PP y al Gobierno? Resulta incomprensible, por nula y estúpida que sea la Oposición.

De modo que oficialmente nueve millones y medio de personas serán más pobres y tendrán serias dificultades para mantener un mínimo de vida digno en lo económico. Son los asesinados sociales. Los miserables que no roban. Somos todos, los de ahora y los del inminente mañana. La vida se encarece bastante más de lo que reflejan o camuflan las cifras, pero el pensionista cobrará menos. Es un lento exterminio. Y sin embargo una buena parte les seguirá votando. España se ha convertido ya claramente en el reino de los arriba y los de abajo. Los de arriba asesina a los de abajo. Sin justificación ética o política alguna. Efectivamente España no es un país para viejos. Ni para prejubilados ni jóvenes emigrados. Los mejores, los que no han robado sino que han trabajado dejando sus vidas al servicio del capital, los limpios de corazón, incluso los apolíticos, los que todavía echan miguitas a los pájaros o recogen las cacas de sus perrillos, mientras van a la farmacia a pagar lo que no pueden, los que viven casi a oscuras porque no les llega para pagar la luz, los que a pesar de todo ayudan a sus familias en dificultad, aquéllos a quienes han lavado el cerebro, en definitiva, los de abajo, ésos que son las víctimas de la indecencia del Gobierno, que es tan ruin que arremete contra quienes sabe que no tienen capacidad de defenderse. Gracias a estos tipejos, un pensionista es un pobre. Son los asesinados sociales. Y todos, menos ellos, sabemos quiénes son los asesinos. ¿Pasaremos también esto, esta vileza, por alto? ¿Qué tiene que ocurrir para que España se rebele? ¿Estamos muertos? ¿Es posible que hayamos caído en tal indolencia y falta de solidaridad? ¿Les seguiremos votando? ¿No han cruzado todas las rayas rojas de los incumplimientos?